Conociendo a Alina

Sep 14, 2018

 

Con la energía propia de la juventud, Alina Wiemuth (18) llegó del verano alemán al invierno lomaverdense con muchas ganas de aprender y conocer cosas nuevas. Desenvuelta, alegre y simpática, aterrizó el jueves 6 con un gran entusiasmo por emprender su voluntariado en la Biblioteca. Y este viernes al mediodía la Cooperativa organizó un agasajo para darle la bienvenida junto a miembros del Consejo de Administración y trabajadores.

 

Alina describe Colonia, su lugar de origen, como una ciudad grande y bella, que combina naturaleza e industria: “Hay muchos parques, un río enorme e iglesias; mi parte favorita es donde se encuentra la universidad”.

 

Su novio vino con ella y está alojado en Los Cardales, donde da clases de idioma en una escuela alemana. Alina se aventuró a visitarlo, lo que le resultó toda una odisea: sorprendida, cuenta que esperó el colectivo una hora y que necesita adaptarse a los tiempos, ya que en sus pagos solía aburrirse cuando esperaba el tren más de cinco minutos.

 

Recién terminó el colegio en su país y dice que no tiene una idea clara de lo que va a estudiar después, más bien se centra en la experiencia que está viviendo. Le interesa mucho la política pero todavía no se decide. Además, le gustan el deporte, la danza, la lectura y, sobre todo, reconoce que una de las cosas que más disfruta es hablar. Por eso, aunque le resulta un gran desafío, le urge aprender el español.

 

 

-¿En qué momento se presentó la idea de venir para Argentina?

-Estuve en Bariloche cuando tenía 5 años, pero no me acuerdo de nada. Hace un tiempo empecé a sentir el deseo de conocer otro país y me interesó mucho Sudamérica, especialmente Argentina. En ese momento fue cuando mi novio me propuso esta idea. Yo quería hacer un voluntariado y encontramos este proyecto.

 

-¿Qué expectativas tenés sobre tu estadía?

-Creo que estoy en un país con lugares muy diferentes. Buenos Aires es una ciudad enorme con mucho por conocer, y también me entusiasman los distintos paisajes naturales, como las cataratas… tengo muchas ganas de conocerlas. Si tuviera tiempo, quisiera ver todo, pero sé que no es posible. Además, me gustaría ir al sur y a Salta o Jujuy.

 

-¿Qué pensás de la experiencia que tenés por delante como voluntaria? ¿Te pusiste algún tipo de objetivo?

-Me interesaría ser parte de un proyecto social. Creo que soy una afortunada porque en Alemania tuve una muy buena educación, y creo que esto es muy importante y debería ser así para todos. Aunque sea un aporte muy pequeño, quiero contribuir desde la enseñanza del lenguaje, ya sea alemán o inglés, para transmitírselos a niños y adultos. Y a medida que pase el tiempo, pensar en qué otra actividad se puede hacer. Pero más que nada creo que yo voy a aprender muchísimo en este lugar.

 

-¿Cómo venís sintiéndote estos primeros días en Loma Verde?

-Si bien es distinto a la cuidad grande en la que yo vivo, no me molesta, me gusta. Es lindo que todos se conozcan entre sí. Además, disfruto mucho del gallo que canta siempre del otro lado de la ventana.

 

-¿Cómo fue la bienvenida de la gente?

-Bueno, me comentaron que la voluntaria anterior era más grande, y a mí me ven muy “chica”, pero cuando vi una foto de ella me di cuenta de que tenían razón. La gente que estoy conociendo es muy amigable y de mente abierta, me siento bien, feliz y no como una extraña, aunque lo sea. Me gusta que las personas hablen tanto y con tanta velocidad, pero no los entiendo… Voy incorporando de a poco el español en mi cabeza. No extraño allá, tal vez un poco el clima, pero por suerte ya llega la primavera.

 

Por Sofía Moras

 

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