Cooperativas: aval histórico y potencialidad

Abr 1, 2015

Nos quieren hacer creer que la propiedad privada, como forma antagónica de los sistemas de vida y producción comunitarios y cooperativos, está en nuestra naturaleza, nuestro ADN cultural, desde el origen de la especie. Un designio fatal que recorrerá, de pe a pa, toda la trayectoria de la humanidad.

Pero no es cierto, de ninguna manera es cierto, porque no cierran los números. Esta explicación propagandista de las bondades del individualismo está “floja de papeles”.

La propiedad privada de los medios de producción está profundamente ligada a la aparición social de la familia patriarcal, que comienza a darse unos 1.500 años antes de cero. Sin embargo, existen antecedentes de las actuales cooperativas en la prehistoria, y en algunos casos aún se mantienen casi sin modificaciones, como algunas cooperativas lecheras de Armenia, la zadruga* de los pueblos eslavos meridionales, la alhóndiga** que los moros instalaron en la España medieval y hasta el Ayllú inca, con su inseparable Ayni o Minga, formas básicas pero a la vez complejas de integración social cooperativa.

Por eso, en otros idiomas la definición del término “cooperativa” es “herramienta productiva para compartir”.

Las cooperativas lecheras del Cáucaso, o las “fruitiérs” de Francia, surgidas las primeras por las dificultades en conseguir leña y la segunda por la especialización en la variedad del ganado y en la fabricación del queso conocido como “fruto”, han atravesado, casi inalterables, dos milenios.

Pero no son algo del pasado que aún perdura, por algún misterio inexplicable de las relaciones sociales, aún antes de la fundación del Estado de Israel, colonos hebreos, basados en sus textos históricos, se establecieron en el desierto en forma de asentamientos, productivos y de hábitat, conocidos con el nombre de Kibutz, y que no son otra cosa que cooperativas con funcionamientos perfeccionados por la experiencia histórica.

Actualmente hay alrededor de 270 kibutz en Israel, lo que corresponde al 2,5% de la población, pero demostrando su fortaleza organizativa, son los que contribuyen a la riqueza nacional con el 33% de la producción agrícola-ganadera y el 6,3% de la producción de manufacturas industriales, fundamentalmente agro-productos.

En el kibutz se practica la democracia directa, la asamblea elige y destituye a las autoridades, determina los presupuestos, traza los planes y proyectos y los evalúa, y es quien decide acerca de admisiones y egresos de miembros.

Allí, donde la iniciativa privada no llega, porque no es negocio, las formas asociativas de vecinos solucionan las carencias, como pasó con nuestra cooperativa, que logró traer la electricidad a Loma Verde después de largos 75 años de infructuosa espera.

Y queda mucho por hacer, y nuestra Cooperativa tiene mucho por decir, nada menos que con el aval que dan 40 años al servicio desinteresado de la población lomaverdense.

Por Jorge L. Bonfanti

* Zadruga: cooperativas agrarias de los eslavos meridionales.

** Alhóndiga, o alfóndiga, del árabe al fondaq: “casa pública”.